¿Qué es el Tarot? El libro de la vida y sus misterios

Imagina que alguien coloca una baraja de Tarot frente a ti.
No sabes todavía qué preguntar.
Quizás has visto alguna vez una lectura. Quizás alguien te ha dicho que el Tarot sirve para conocer el futuro. Quizás tienes un mazo guardado en algún cajón y nunca te has atrevido a abrirlo.
O quizás llevas años trabajando con él.
En cualquier caso, hay una pregunta que parece sencilla:
¿Qué es el Tarot?
La respuesta más inmediata también parece sencilla.
El Tarot es una baraja de 78 cartas.
Pero esa respuesta, aunque correcta, apenas nos muestra la superficie.
Porque detrás de esas 78 imágenes existe un universo de símbolos, estructuras, correspondencias, arquetipos y posibilidades de interpretación que puede llevarnos desde una consulta cotidiana hasta preguntas mucho más profundas sobre nuestra propia existencia.
Y aquí comienza el viaje.
En este viaje vamos a explorar
El Tarot en su forma más sencilla
El Tarot está compuesto por 78 cartas.
22 corresponden a los Arcanos Mayores y 56 a los Arcanos Menores.
Los Arcanos Menores están organizados en cuatro palos y contienen, además de las cartas numeradas, las 16 figuras de la Corte: cuatro por cada palo.
Esta estructura ya nos ofrece algo interesante.
No estamos frente a 78 imágenes colocadas al azar.
Existe una organización.
Hay números.
Elementos.
Palos.
Personajes.
Secuencias.
Relaciones.
Y los Arcanos Mayores parecen describir grandes movimientos de la experiencia humana.
Desde El Loco hasta El Mundo podemos contemplar un recorrido que ha sido interpretado como viaje, transformación, aprendizaje, crisis, integración y evolución.
Pero incluso esto es solamente una primera lectura.
Porque podemos preguntarnos:
¿Por qué esas imágenes?
¿Por qué esos números?
¿Por qué esos personajes?
¿Por qué esa secuencia?
Y entonces la baraja empieza a abrirse.
¿El Tarot sirve para adivinar el futuro?
Esta es probablemente la primera asociación que muchas personas hacen cuando escuchan la palabra Tarot.
Una persona pregunta:
“¿Qué va a pasar?”
Y las cartas responden.
Pero aquí aparece una cuestión fundamental:
¿Existe un único futuro posible?
Si el futuro todavía no ha ocurrido, ¿cómo podríamos afirmar que está completamente escrito?
Podemos imaginar nuestra vida como un entramado de posibilidades.
Tomamos decisiones.
Encontramos personas.
Generamos consecuencias.
Respondemos a circunstancias.
Repetimos patrones.
Cambiamos de dirección.
Algunas posibilidades parecen abrirse y otras desaparecer.
Desde diferentes tradiciones espirituales, este entramado ha sido relacionado con conceptos como el libre albedrío, la ley de causa y efecto, el karma, la atracción, el magnetismo o la causalidad.
No necesitamos resolver aquí todas estas preguntas.
De hecho, quizás sea mejor no hacerlo.
Porque el Tarot comienza a volverse interesante precisamente cuando dejamos de buscar respuestas demasiado rápidas.
Una lectura puede mostrarnos una tendencia.
Una posibilidad.
Una dinámica.
Un camino que estamos recorriendo.
Y también puede mostrarnos aquello que todavía no estamos viendo.
Por eso, más que preguntarnos únicamente “¿qué va a pasar?”, podemos comenzar a preguntar:
“¿Qué está ocurriendo realmente?”
Y todavía más:
“¿Qué estoy haciendo yo dentro de esto?”
Lo visible es solamente una parte
Piensa en un iceberg.
Desde fuera vemos una pequeña parte.
Debajo del agua existe una estructura muchísimo mayor.
Algo parecido puede suceder con nuestra propia vida.
A veces solamente somos conscientes del síntoma.
Una discusión.
Una ruptura.
Una sensación de vacío.
Una incomodidad.
Una persona que nos irrita.
Un deseo que no conseguimos satisfacer.
Una situación que parece repetirse.
Pero quizá aquello que estamos viendo sea solamente la punta de algo mucho más profundo.
Una creencia.
Un patrón.
Una herida.
Un aprendizaje.
Una decisión que todavía no hemos tomado.
Una parte de nosotros que pide ser reconocida.
Aquí aparece una de las ideas que más me interesan cuando trabajo con Tarot:
todo lo que nos sucede puede contener una enseñanza.
En algunas tradiciones chamánicas se habla de que todo tiene una medicina adentro.
No significa que debamos justificar el sufrimiento ni convertirnos en responsables de todo lo que nos ocurre.
Significa aprender a preguntar:
¿Qué puedo ver aquí que antes no estaba viendo?
Y esa pregunta cambia completamente la relación con una lectura de Tarot.
El Tarot como espejo
Aquí aparece también la llamada Ley del Espejo, una idea que muchas veces se simplifica hasta convertirse en una forma de culpabilización.
“Si esto te sucede, es porque tú lo has creado.”
No.
La vida es mucho más compleja que eso.
Pero las relaciones y las circunstancias pueden mostrarnos aspectos de nosotros mismos que permanecían ocultos.
Alguien puede despertar una herida.
Una situación puede revelar una creencia.
Un conflicto puede mostrarnos una dinámica que repetimos.
Una pérdida puede obligarnos a mirar aquello que evitábamos.
El Tarot puede convertirse entonces en un espejo.
No necesariamente porque la carta nos diga quiénes somos.
Sino porque nos obliga a mirar.
Y algunas veces, cuando miramos suficientemente profundo, descubrimos que aquello que estábamos intentando comprender afuera también tenía algo que mostrarnos adentro.
El Tarot es un lenguaje de símbolos
Aquí entramos en otra capa.
Una carta no es solamente una palabra.
El Ermitaño no es simplemente “soledad”.
La Muerte no significa únicamente “final”.
El Diablo no es simplemente “algo malo”.
Una imagen puede contener múltiples significados.
El contexto modifica la lectura.
La pregunta modifica la lectura.
Las cartas que la acompañan modifican la lectura.
La posición que ocupa una carta modifica la lectura.
Y, sobre todo, la persona que tenemos delante modifica la lectura.
Por eso aprender Tarot no consiste únicamente en memorizar significados.
Aprender Tarot es aprender un lenguaje.
Y como sucede con cualquier lenguaje, necesitamos aprender sus elementos antes de poder construir frases complejas.
Los símbolos son palabras.
Las cartas pueden convertirse en frases.
Una tirada puede convertirse en una historia.
Y el tarotista aprende a escuchar esa historia.
¿Y si el Tarot fuera un libro de la vida?
Aquí llegamos a una de las ideas centrales de este viaje.
Imagina que todo aquello que experimentamos como seres humanos ya ha sido
experimentado, de una forma u otra, por innumerables personas antes que nosotros.
El amor.
El miedo.
La ambición.
La pérdida.
El deseo.
La traición.
El poder.
La enfermedad.
La muerte.
El nacimiento.
La transformación.
La búsqueda de sentido.
La soledad.
La sabiduría.
Las grandes preguntas de la humanidad se repiten.
Cambian las personas.
Cambian las épocas.
Cambian las culturas.
Pero determinados patrones parecen regresar una y otra vez.
Los antiguos los representaron mediante mitos.
Las religiones mediante relatos.
Los filósofos mediante conceptos.
Los artistas mediante imágenes.
Los psicólogos mediante arquetipos.
Y el Tarot puede ser contemplado como otro de esos grandes lenguajes simbólicos mediante los cuales intentamos representar la experiencia humana.
Por eso me gusta llamarlo:
el libro de la vida.
No porque literalmente contenga todas las respuestas.
Sino porque, cuando comenzamos a estudiarlo, encontramos representados muchos de los grandes movimientos de nuestra propia existencia.
Y entonces sucede algo extraño.
Comenzamos buscando respuestas sobre nuestra vida…
y terminamos encontrándonos a nosotros mismos dentro de las cartas.
Las muchas tradiciones detrás del Tarot
Aquí la madriguera se hace todavía más profunda.
A lo largo de la historia del esoterismo occidental, el Tarot ha sido relacionado con diferentes sistemas de conocimiento.
Kabbalah.
Astrología.
Alquimia.
Hermetismo.
Numerología.
Cristianismo.
Mitología.
Filosofía.
Psicología.
Y también han surgido interpretaciones que han intentado encontrar conexiones con Egipto y otras tradiciones antiguas.
No todas estas relaciones tienen el mismo fundamento histórico.
Algunas pertenecen a escuelas esotéricas posteriores y otras forman parte de interpretaciones simbólicas desarrolladas con el tiempo.
Y esto también forma parte de la fascinación del Tarot.
Porque cuando comenzamos a investigar su simbolismo descubrimos que nuestro conocimiento es limitado.
Creemos haber llegado al fondo…
y aparece otra puerta.
La madriguera del conejo
Quizás por eso me gusta tanto la imagen de Alicia siguiendo al conejo blanco.
Al principio solamente existe una curiosidad.
Después aparece una puerta.
Luego otra.
Y otra.
Hasta que aquello que parecía imposible comienza a formar parte de una realidad completamente diferente.
Algo parecido puede ocurrir cuando estudiamos Tarot.
Comenzamos queriendo saber qué significa una carta.
Después queremos saber por qué tiene ese símbolo.
Luego descubrimos los números.
Los elementos.
La astrología.
La Kabbalah.
Los arquetipos.
Jung.
La filosofía.
Los mitos.
Y un día nos encontramos frente a una pregunta mucho más grande:
¿Qué es realmente aquello que llamamos realidad?
Platón ya había imaginado algo parecido en su alegoría de la caverna.
Jung exploró los territorios del inconsciente y los arquetipos.
La filosofía nos ha llevado una y otra vez hasta los límites de nuestro conocimiento.
Y quizá exista una sabiduría particular en reconocer algo que pocas veces queremos admitir:
no sabemos tanto como creemos.
La ignorancia puede ser una carencia.
Pero también puede ser una puerta.
Porque solamente cuando reconocemos aquello que desconocemos podemos comenzar verdaderamente a investigar.
Cuando la razón no alcanza
Y aquí aparece otra parte fundamental del aprendizaje del Tarot.
Imagina que colocas diez cartas sobre una mesa.
Cada una tiene símbolos.
Colores.
Números.
Personajes.
Elementos.
Direcciones.
Relaciones con otras cartas.
Ahora añade la pregunta de la persona.
Su historia.
Su lenguaje.
Lo que dice.
Lo que no dice.
Lo que tú percibes.
Tus propios conocimientos.
La estructura de la tirada.
Y las relaciones entre todos esos elementos.
Nuestra mente racional intenta procesarlo todo.
Pero llega un momento en que no alcanza.
Es ahí donde aparece la intuición.
No como sustituta del conocimiento.
Sino como otra forma de procesarlo.
La intuición también se desarrolla.
Se cultiva mediante observación, experiencia, estudio, práctica, silencio y discernimiento.
Y esta es una de las razones por las que aprender Tarot puede convertirse en un camino de desarrollo personal.
Porque mientras aprendes a interpretar las cartas…
también estás aprendiendo a interpretarte.
El Tarotista también forma parte de la lectura
Este punto cambia completamente la manera de estudiar Tarot.
Las cartas son una herramienta.
Pero quien interpreta también forma parte del proceso.
Por eso necesitamos aprender a observar nuestros propios prejuicios.
Nuestros deseos.
Nuestros miedos.
Nuestras expectativas.
Nuestra necesidad de tener razón.
Nuestra necesidad de salvar.
Nuestra necesidad de responder.
A veces una lectura no necesita que digamos más.
Necesita que sepamos escuchar.
Y otras veces aparece una respuesta que incluso nos sorprende a nosotros mismos.
¿De dónde vino?
¿Fue intuición?
¿Asociación?
¿Experiencia?
¿Conocimiento?
¿Algo que la persona dijo sin darse cuenta?
Quizás un poco de todo.
Y aprender a discernirlo también forma parte del camino.
Aprender Tarot es aprender a ver
Por eso, cuando alguien me pregunta cómo aprender Tarot, mi respuesta no comienza con una lista de significados.
Comienza mucho antes.
Hay que aprender la estructura.
Hay que conocer las cartas.
Hay que comprender los símbolos.
Hay que estudiar.
Hay que practicar.
Hay que equivocarse.
Hay que observar.
Hay que desarrollar la intuición.
Hay que aprender a preguntar.
Hay que aprender a escuchar.
Y, sobre todo, hay que aprender a verse a uno mismo.
Porque una cosa es conocer las 78 cartas.
Y otra muy diferente es saber leer Tarot.
Esa diferencia es enorme.
El viaje apenas comienza
Quizás ahora podamos volver a nuestra pregunta inicial:
¿Qué es el Tarot?
¿Una baraja de 78 cartas?
Sí.
¿Una herramienta para consultar posibilidades?
También.
¿Un lenguaje simbólico?
Sí.
¿Un espejo?
Puede serlo.
¿Un mapa de arquetipos?
También podemos estudiarlo desde ahí.
¿Un sistema de conocimiento?
Muchas escuelas lo han entendido de esa manera.
¿Una herramienta de autoconocimiento?
Sin duda puede convertirse en ello.
Pero quizá ninguna de estas respuestas sea suficiente por sí sola.
Porque el Tarot tiene algo particular:
cuanto más creemos comprenderlo, más preguntas aparecen.
Y quizás esa sea una de sus mayores enseñanzas.
No se trata únicamente de encontrar respuestas.
Se trata de aprender a mirar.
A preguntar.
A escuchar.
A discernir.
A reconocer aquello que todavía no conocemos.
Y a descubrir que, algunas veces, cuando abrimos una carta para intentar comprender nuestra vida…
la carta termina abriéndonos a nosotros.
Este es apenas el comienzo.
A partir de aquí podemos entrar, una capa a la vez, en los Arcanos, los símbolos, los números, los elementos, la estructura del Tarot, sus diferentes tradiciones, su relación con la astrología, la Kabbalah, la alquimia, los arquetipos y, sobre todo, con ese extraño territorio en el que el conocimiento y la intuición comienzan a encontrarse.
La madriguera es mucho más profunda de lo que parece.
Sobre este camino
Soy Alberto Ross, Astrotarotista y fundador de Caminos de Conocimiento.
Llevo más de 30 años estudiando y trabajando con Tarot, y durante todo este tiempo mi relación con las cartas ha ido cambiando.
Comencé, como probablemente muchos, buscando respuestas.
Con los años descubrí que las respuestas eran solamente una pequeña parte del viaje.
Estudiar Tarot me llevó a la astrología, la simbología, la espiritualidad, la psicología, la filosofía y a diferentes tradiciones de conocimiento.
Y cuanto más estudiaba, más evidente se volvía algo:
el Tarot no podía comprenderse desde una sola disciplina.
Por eso mi manera de enseñar Tarot no consiste únicamente en memorizar el significado de 78 cartas.
Me interesa comprender qué hay detrás de las imágenes, cómo se relacionan entre sí y qué ocurre cuando ese conocimiento se encuentra con la intuición, la experiencia y la vida concreta de una persona.
Después de más de tres décadas, sigo encontrando nuevas preguntas.
Y quizás esa sea una de las mejores cosas que me ha enseñado el Tarot:
cuando realmente comienzas a aprender, descubres cuánto te queda todavía por conocer.
— Alberto Ross
Astrotarotista · Fundador de Caminos de Conocimiento
¿Quieres aprender Tarot?
Si llegaste hasta aquí buscando simplemente conocer el significado de las cartas, quizás hayas descubierto que aprender Tarot es bastante más que memorizar 78 definiciones.
Es aprender un lenguaje.
Una estructura.
Una forma de observar.
Y también una forma de observarte.
En el Curso Intensivo de Tarot de Caminos de Conocimiento recorremos ese camino progresivamente, desde las bases hasta la interpretación, respetando la curva de aprendizaje y desarrollando no solamente el conocimiento de las cartas, sino también la capacidad de leerlas.
Porque antes de aprender a leer Tarot, tenemos que aprender a ver.

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